Oración a San Rafael médico divino

Glorioso Arcángel San Rafael,
medicina de Dios,
guíame (o guía a…) en este viaje
de aprendizaje y purificación,
ayúdame (o ayuda a…) a reconocer
las lecciones que me (le) liberen
de todas mis (sus) culpas, preocupaciones y pensamientos negativos.

Sé guía en el camino de la salvación,
en ruta al Amor Divino,
para ver reflejado en toda la creación,
el poder de regeneración y curación de Dios.

Te ruego que seas compañero en este viaje por la vida
y un apoyo constante con la autoridad que representa tu cayado.

Rodéame (Rodea a…) con el verde esperanzador y sanador de tu capa,
y derrama tu medicina de luz sobre todo mi (su) ser.

Gracias amado arcángel Rafael,
por tu amor sanador y compañía curativa,
en este sagrado peregrinaje del cuerpo,
para encontrar la unión con el alma,
según la voluntad divina,
de manera perfecta,
para el bien de todo el mundo,
y bajo la gracia de Dios.

Amén.

Oh bondadoso y guía espiritual San Rafael Arcángel,
yo te invoco como el patrón de aquellos
que están afligidos por la enfermedad o dolencia corporal.
Tú hiciste preparar el remedio que sanó la ceguera del anciano Tobías,
y tu nombre significa “El Señor sana”.
Me dirijo a ti, implorando tu auxilio divino en mi necesidad actual
(Mencionar aquí la petición)
Si es la voluntad de Dios, dígnate a sanar mi enfermedad,
o al menos, concédeme la gracia y la fuerza que necesito
para poder soportarla con paciencia,
ofreciéndola por el perdón de mis pecados y por la salvación de mi alma.
Enséñame a unir mis sufrimientos con los de Jesús y de María
y buscar la gracia de Dios en la oración y la comunión.
Deseo imitarte en tu afán de hacer la voluntad de Dios en todas las cosas.
Como el joven Tobías, yo te elijo como mi compañero en mi viaje
a través de este valle de lágrimas.
Deseo seguir tus inspiraciones cada paso del camino,
para que pueda llegar al final de mi viaje bajo tu protección constante
y en la gracia de Dios.
Oh Arcángel San Rafael Bendito,
tú te revelaste a ti mismo como el asistente divina del Trono Dios,
ven a mi vida y asísteme en este momento de prueba.
Concédeme la gracia y la bendición de Dios
y el favor que te pido por tu poderosa intercesión.
Oh gran Médico de Dios, dígnate a curarme
como lo hiciste con Tobías si es la voluntad del Creador.
San Rafael, Recurso de Dios, Ángel de la Salud, Medicina de Dios, ruega por mí.
Amén.

Las enfermedades son sin dudas el principal aquejo de la humanidad. Pandemias o dolencias específicas azotan cada día a los habitantes de la tierra, de los cuales claramente ninguno quiere estar enfermo. Algunos padecimientos son tan dañinos que no solo contagian a todo aquel que tenga el más mínimo contacto, sino además provocan una gran agonía a quien sea víctima de ellos.

Dios puede sanar por medio de su gran poder, ni ciegos, sordos, paralíticos, ni leprosos fueron un desafío para el Rey de Reyes. Pero en ocasiones Cristo deja que acudamos a otras fuentes, entre ellas los santos y ángeles.

Entre la variedad de ángeles, existe una supremamente divina que son los arcángeles, entre ellos Rafael es el indicado al que debemos acudir a la hora de enfermar. Este gran ángel del Señor sin dudas tiene el poder de curar por medio del Espíritu Santo.

No hay que dejar a un lado el poder de Dios, de hecho los prodigios de San Rafael viene de la mano del Señor, como los de cualquiera que invoca su nombre. No es necesario temer a un diagnóstico terrible o manifestaciones verdaderamente deplorables en la enfermedad o dolencia. San Rafael como médico de Cristo puede curar esos y muchos otros males.

Es importante dejar que la luz de este ángelalcance cada molécula, cada célula, cada estructura mínima del organismo, sin importar lo fuerte que sea, como cáncer, sida, hidrocefalia, lepra, todo en fin. Es de entender que nada es difícil o imposible para Dios y San Rafael es un gran instrumento que tiene el Altísimo para dar curación.

Pon tu padecimiento o coloca quien padece en el nombre de San Rafael, seguramente este médico no tardara en responderte, sanandote o sanando a quien tú se lo pediste, en el nombre del Señor de los Ejércitos.

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